Reproductive justice doesn’t stop at the border.

La justicia reproductiva no se detiene en la frontera. El derecho a controlar tu cuerpo, tu familia y tu futuro no desaparece en función de dónde naciste o cuál sea tu estatus migratorio.

Nunca se trató solo del aborto. La justicia reproductiva implica el derecho a tener hijos, el derecho a no tenerlos y el derecho a criarlos en comunidades seguras, saludables y sostenibles. Las comunidades inmigrantes tienen derecho a los tres, y en este momento, los tres están amenazados.

La política migratoria es política reproductiva. Cuando las familias son separadas por la detención o la deportación, no se trata solo de un problema migratorio. Es un ataque directo a la capacidad de una persona para criar a sus hijos, formar una familia y proteger a sus seres queridos.

El miedo altera la forma en que las personas toman decisiones sobre su propio cuerpo. Cuando buscar atención médica conlleva el riesgo de exposición, deportación o separación familiar, las personas retrasan o evitan la atención por completo. Esto incluye la atención prenatal, las pruebas de salud reproductiva y el tratamiento de urgencia. El miedo en sí mismo se convierte en una barrera para la salud.

Esta no es una lucha nueva ni aislada. La justicia reproductiva fue construida por mujeres de color que comprendieron que la autonomía corporal, la justicia económica y la protección contra la violencia estatal están interconectadas. Los derechos de los inmigrantes siempre han formado parte de esa visión, no son un añadido.

 La justicia para los inmigrantes es justicia reproductiva. No podemos construir un futuro donde las personas sean libres de tomar decisiones sobre sus familias mientras comunidades enteras viven con el temor de ser separadas.