La interconexión entre la justicia reproductiva y la liberación trans

Arraigado en el liderazgo negro y latino

La liberación trans no surgió en los últimos años. Mujeres trans negras y latinas —Marsha P. Johnson, Sylvia Rivera, Miss Major y muchísimas otras— iniciaron el movimiento LGBTQ+ moderno. Lucharon por la supervivencia, la dignidad y el derecho a existir. La justicia reproductiva fue articulada por mujeres negras, como Loretta J. Ross, organizándose en torno a la autonomía corporal, la violencia estatal y la supervivencia. Ambos movimientos cuestionan los mismos sistemas de esencialismo biológico, coerción y regulación corporal.

La razón por la que estos movimientos tienen dificultades para ser percibidos como ambiguos radica en la retórica que los rodea. A los defensores de los derechos reproductivos se les dice que "terroristas trans radicales" pretenden invisibilizar a las mujeres cisgénero mediante un lenguaje inclusivo. Esto es completamente falso.

Las personas trans y la justicia reproductiva están vinculadas.

La justicia reproductiva es el derecho humano a mantener la autonomía corporal personal, a tener hijos, a no tenerlos y a criar a los hijos en entornos seguros y saludables.

Autonomía corporal y derecho a decidir

Tanto la liberación trans como la justicia reproductiva se centran en el derecho fundamental de las personas a tomar decisiones sobre sus propios cuerpos sin restricciones. coerción, vigilancia o injerencia estatal.

Seguridad y supervivencia

Ambos movimientos responden a amenazas reales contra la vida. La violencia, la negación de atención médica y la eliminación legal determinan inequívocamente si las personas viven o mueren.

Libertad del control estatal

La legislación que atenta contra las personas trans y los derechos reproductivos suele seguir los mismos cauces legislativos, respaldada por las mismas fuerzas políticas. Estas luchas comparten un adversario.

Vulnerabilidad compartida e interdependencia

La cohesión se basa en el reconocimiento de que nuestros destinos están entrelazados, y no solo estratégicamente. Lo que debilita a un movimiento debilita al otro.

Dignidad, pertenencia y libertad compartida

Enraizada en ubuntu —“Yo soy porque somos”— la cohesión entre la liberación trans y la justicia reproductiva se construye a través de tres compromisos interrelacionados.

Dignidad

La afirmación de que toda persona posee un valor absoluto e inherente que no necesita ser ganado, debatido ni defendido.

Pertenencia

La liberación trans y la justicia reproductiva protegen la dignidad de todas las personas, y nuestra seguridad depende de la colaboración mutua. No basta con coexistir; el sentido de pertenencia exige practicar el cuidado y la responsabilidad recíprocos, especialmente en situaciones de presión.

Libertad compartida

Reconocer que nuestras vidas y luchas están conectadas material y espiritualmente. Lo que afecta a una comunidad altera fundamentalmente a la otra.

Declarar la humanidad

En este momento, el discurso político exige que las personas trans defiendan o expliquen constantemente su propia humanidad. Se nos pide que demostremos que merecemos dignidad, seguridad y el derecho a existir. Esto es una trampa.

Cohesión significa negarse a aceptar las condiciones de la oposición. Nuestro trabajo no consiste en convencer a nadie de nuestra humanidad, sino en restaurarla y afirmarla. Declaramos: Las personas trans son humanas. Las personas trans son valiosas. Las personas trans pertenecen. Punto final.

La humanidad legitimada no se gana mediante explicaciones o concesiones. Es algo que practicamos juntos, en comunidad, tratándonos unos a otros —y a nosotros mismos— como merecedores intrínsecamente de dignidad, cuidado y poder.

En la comunidad, 

Stellan Knowles